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Las plantas que generan energía a base de carbón son altamente contaminantes. En Estados Unidos su número se ha reducido, gracias a alternativas más económicas y limpias, como las energías renovables. Esto representa un avance a favor de la salud pública.
La última planta de carbón grande se construyó en Texas en 2013. Sin embargo, en el 2023 se determinó que aún quedan más de 225 plantas, muchas de ellas antiguas, costosas e ineficientes. Las que emiten mayores cantidades de contaminación, están ubicadas en Texas, North Dakota, Alabama y Missouri. Una cuarta parte de las plantas que generan energía a base de carbón, las cuales están distribuidas en 25 estados, tenían previsto cerrar para finales de 2029. Incluso se hizo campaña por lograr que todas las plantas cerraran.
Pero ahora ese impulso se ve amenazado, ya que el gobierno Trump ha ordenado la reapertura de varias plantas que estaban programadas para ser cerradas. Además, entre otras prácticas destructivas para el ambiente, pretende autorizar al Bureau of Land Management (BLM u “Oficina de Administración de Tierras”), para que utilice millones de hectáreas de tierras públicas para la extracción de carbón. Si el gobierno actual logra reactivar la industria carbonera, se prevé un aumento considerable en el costo de energía para los hogares, especialmente en los estados que no han priorizado las energías limpias.

La central eléctrica de Four Corners opera en territorio de la Nación Navajo en Nuevo México, produciendo energía a partir de carbón para la región.
Impacto de las plantas de carbón en la salud
La contaminación atmosférica proveniente de las plantas que generan energía eléctrica quemando carbón, está correlacionada con diversos impactos en la salud y el medio ambiente, como asma, cáncer, enfermedades cardíacas y pulmonares, problemas neurológicos y daño cerebral, lluvia ácida y calentamiento global. Al quemarse el carbón, se generan cenizas o residuos de combustión de carbón (“RCC” en inglés), los cuales contienen una mezcla de contaminantes que incluyen mercurio, plomo, hollín, arsénico y otros metales pesados, los cuales contaminan el aire y las aguas subterráneas. El dióxido de azufre y nitrógeno que emiten las plantas eléctricas a base de carbón, generan ozono troposférico (a nivel de suelo), el cual puede causar problemas respiratorios y cardiovasculares.
El hollín y otros contaminantes asociados con las plantas que queman carbón para generar energía, afectan de manera desproporcionada a los niños y otras poblaciones vulnerables. Pueden contribuir a ataques de asma, enfermedades respiratorias, cáncer de pulmón, infartos, derrames cerebrales, trastornos metabólicos y problemas en el sistema nervioso. El cerrar estas plantas es una medida eficaz para reducir los problemas de salud relacionados con la contaminación. Los estudios han demostrado una disminución en la tasa de asma en zonas donde se han cerrado plantas que quemaban carbón.
Los mineros que extraen el carbón del suelo están más expuestos al polvo de carbón que la población general. Esta exposición laboral puede provocar una mayor incidencia de enfermedades como la neumoconiosis (enfermedad del pulmón negro) y el cáncer. Estas enfermedades pueden desarrollarse con el tiempo, y su gravedad puede variar según los niveles de exposición y otros factores ambientales.

La planta de energía de carbón Laramie River en el condado de Platte, Wyoming.
Impacto climático desproporcionado
El cambio climático es una grave consecuencia global del carbón. Este combustible está compuesto principalmente por carbono, el cual, al quemarse, genera más dióxido de carbono (CO2 - un gas de efecto invernadero) que otros combustibles fósiles. Tanto es así que, en el 2023, el 16% de las emisiones de CO2 en EE.UU. aún provenían del carbón. La quema de 907 kg de carbón produce más de 1814 kg de CO2, un gas que contribuye al calentamiento global.

Información básica sobre el mercurio
Las plantas que generan energía quemando carbón, son una fuente importante de contaminación tóxica por mercurio. Si bien los Mercury and Air Toxics Standards (“Normas Para el Mercurio y Sustancias Tóxicas en el Aire”) implementadas en el 2012, han ayudado a reducir drásticamente la contaminación proveniente de las plantas de carbón, éstas siguen emitiendo cantidades peligrosas de contaminantes. Los niveles de éstos son más altos en zonas cercanas a las instalaciones, pero el mercurio y otros contaminantes peligrosos pueden dispersarse sobre grandes distancias.
El consumo de pescado es una fuente importante de mercurio emitido por las plantas eléctricas a base de carbón, ya que el mercurio liberado al aire cae en el agua, se convierte en metilmercurio - un compuesto altamente tóxico - y finalmente se incorpora a la cadena alimentaria. Los niños expuestos al mercurio durante el embarazo de la madre pueden sufrir problemas persistentes y de por vida en el aprendizaje, el comportamiento y la motricidad. Por ello, se recomienda habitualmente a las mujeres embarazadas evitar especies de pescado que tienden a contener más mercurio. En la mayor parte de Estados Unidos existen advertencias sobre el consumo de pescado con alto contenido de mercurio, ya que incluso pequeñas cantidades pueden causar graves problemas de salud, y no sólo para los bebés en desarrollo.

La Planta Bowen, una de las centrales eléctricas de carbón más grandes de Norteamérica, se alza detrás de una calle residencial en el condado de Bartow, Georgia.
El carbón y las comunidades de color
La mayoría de las plantas eléctricas a base de carbón que más mercurio emiten, se encuentran entre 80 y 160 kilómetros de áreas con mucha población. Las comunidades afroamericanas, latinas, indígenas y de bajos recursos cargan de manera desproporcionada con daños ambientales e impactos adversos en la salud.
Un número considerable de personas afroamericanas en Estados Unidos vive a menos de 50 kilómetros de plantas que generan electricidad con carbón. Las comunidades que consumen más pescado que otras por tradición, también corren mayor riesgo de ingerir mercurio. Entre los grupos con mayor riesgo de contaminación por mercurio están las comunidades indígenas, debido a su tradición de consumir cantidades abundantes de pescado.

La central eléctrica de carbón Fort Martin en el condado de Monongalia, Virginia Occidental.
¡Pon de tu parte!
El aire limpio es fundamental para la salud humana. Los contaminantes emitidos por las plantas eléctricas que queman carbón son peligrosos para nuestra salud y el clima. El mantener estas plantas en funcionamiento cuando hay alternativas más baratas y limpias, aumentará el costo de la electricidad y la contaminación que afecta a familias y comunidades.
Puedes averiguar si todavía hay plantas eléctricas de carbón en funcionamiento en tu estado, y dónde se encuentran. Si vives cerca de una planta cerrada, también puedes averiguar si el gobierno Trump está intentando reabrirla. Así podrás unirte a la lucha a favor de las fuentes de energía más limpias, saludables y asequibles que nuestras familias y comunidades merecen.
Octubre de 2025




